Barquitos, sueños, arena y mar

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Apuesto que el 99,9999% sufrimos la llamada depresión post-vacaciones y yo no iba a ser menos, me da igual que me da lo mismo si estoy fuera 2 días como 8, sufro por igual lo de despedirse del mar por un tiempo, lo llevo muy mal, para que voy a mentir, ¿no os pasa?.
Supongo que dicha depresión es la culpable de que siempre deje las fotografías de mis viajes para lo último, ahí guarditas en la carpeta de "sin editar" a la espera de que un día les haga caso. Pues esta vez (no me lo creo ni yo) hice un esfuerzo sobrehumano por superar esa barrera, me armé de valor, encendí el Mac, conecte el arie acondicionado, abrí una de las carpetas (la más reciente, no ha pasado ni un mes!) y me puse a editar. Sobreviví a la batalla y vengo a contaros un poquito mi último viaje.


El 14 de Junio nos fuimos a Gandia, no fue mucho tiempo pero suficiente. Comenté que sería un viaje "tranquilo" que me lo tomaría como un descanso, pero llamar descanso a: madrugar, desayunar, playa, piscina, comer, playa, merendar, piscina, ducha, cenar, pasear... es algo como agotador cuando cae la noche una solo piensa en la cama. No saqué mucho la cámara, tan solo el sábado (cambié piscina de por la tarde) y bueno, como siempre me pasa, el último día a una la invaden las ideas, las ganas de fotear pero el reloj corre y hay que volver a casa. Una quiere hacer muchas cosas y muchas de esas cosas no pueden llevarse bien, prometo intentar organizarme en las próximas. 

De Gandia me gustó mucho la luz al caer la tarde sobre el paseo marítimo, me pareció una de las cosas más bonitas de aquel lugar para sentarse a leer un libro, me lo apunto para la próxima.




Yo no sé que tienen los puertos que me gustan tanto, siempre la luz es bonita, llueva, esté nublado, soleado... con todos los barquitos blanquitos, el agua del mar parece más azul de lo normal con más fuerza, un día tendré mi propio barco e iré viviendo de puerto en puerto, que no me cansaría nunca de conocer lugares nuevos e instalarme con mi barquito en todos sus puertos, vale, es un sueño válido para multimillonarios pero este sueño viene después de que me toque la lotería de esos botes que anuncian que tocan muchos ceros juntos, tengo que anotarme en algún lugar bien visible que si quiero que me toque ese super bote para poder tener y mantener mi propio barquito debo echar la lotería. Dejando los barquitos, sueños y loteria, me encantan los puertos y este me robó un pedacito de mi corazón.






Ahora es el momento cuando mi yo interior se pone melosa con lagrimas en los ojos hablando del mar y sus miles de cosas que tiene que a ella le gusta tanto, pero no la voy a dejar hablar mucho o nos podemos despedir de disfrutar del Verano y de la luz tan linda del Otoño. Solo voy ha decir dos cosas:

1- Tengo que reconocer que cada vez me gusta más la arena de la playa, siempre y cuando no esté tomando el sol, leyendo, comiendo o cuando sales del agua y te conviertes en un pescadito frito empanado. Pero sigo odiando ese momento que vas a meterte a la cama, te estiras con ganas y pensamientos de que vas a dormir mejor que nunca, y tachán... hay arenilla por las sábanas, odio ese momento de levantarte, quitar todo, sacudir todo, colocar todo y entrar nuevamente sin esa mismas ganas con las que entraste al principio. Quitando todo eso, le voy queriendo cada vez un poquito más.

2- Puedo pasarme horas y horas como una boba mirando el horizonte y las olas, con la brisa, el olor... un momento mágico y es el que más me cuesta desprenderme a la hora de volver a casa. (firmado; el yo interior de Anita)








Ahora es cuando estoy volviendo a sentir esa depresión de la que hablaba al comenzar este post, ains. Pero voy a contar un secreto, es la segunda vez que volviendo a casa, no quería darme la vuelta mientras soltaba pucheros al conductor, tenía en casa a una bola de pelo blanca esperándome


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© Anita Vela Fotografía. Design by Fearne.